Contenido moral del protocolo familiar: por qué se necesita un porqué para cumplirlo

Contenido moral del protocolo familiar: por qué se necesita un porqué para cumplirlo

El protocolo familiar es una herramienta muy útil para planificar adecuadamente la sucesión en la empresa familiar y, también, las relaciones entre empresa y familia. De eso no cabe ninguna duda. Pero es también una herramienta exigente, muy exigente, puesto que requiere un elevado grado de compromiso -y de sacrificio, incluso- por parte de todos los implicados.

No son pocas las familias empresarias que no han logrado culminar el proceso de elaboración del protocolo, precisamente porque obliga a mantener un debate abierto e intenso sobre cuestiones que, por su especial sensibilidad, acostumbran a generar controversia. Pero no son pocas tampoco las familias que, habiendo conseguido firmar el protocolo, se encuentran después con problemas para su aplicación. Y es que el problema viene a ser en definitiva el mismo: lo que cuesta aceptar es difícil de firmar y, más aún, de cumplir.  

Por este motivo, el cumplimiento del protocolo familiar es una cuestión nuclear a la que nos hemos referido ya, en este mismo espacio, en ocasiones anteriores. Por ejemplo, para destacar la necesidad de incorporar cláusulas penales en el propio protocolo o prestaciones accesorias en los estatutos. Efectivamente, las cláusulas penales pueden servir para fomentar el cumplimiento del protocolo o, por expresarlo con mayor precisión, para disuadir de su incumplimiento, pero no son por sí mismas suficientes. 

El protocolo familiar es un contrato que necesariamente deberá establecer un conjunto de reglas vinculantes, como también hemos expuesto ya, en la medida en que busca alcanzar unos objetivos muy concretos para los que es preciso establecer unos determinados parámetros de conducta. Parámetros que no siempre serán sencillos o agradables para las personas que los deben observar y acatar. 

El protocolo puede establecer, por ejemplo, la renuncia al reparto de dividendos, exigiendo así un sacrificio a todos los familiares que tengan la condición de socios, ya que verán que los beneficios de la empresa no se traducen para ellos en ninguna ventaja económica directa, sino que se destinan a la reinversión. Puede establecer también todo un conjunto de requisitos o exigencias para acceder a puestos de trabajo en la empresa, lo cual implicará de facto el veto para todos aquellos familiares que no cumplan con esos condicionantes. O puede negar el acceso al capital a los cónyuges, por ejemplo, exigiendo por tanto que los socios deban explicar a sus parejas que pueden compartirlo todo en la vida… salvo esas acciones o participaciones de la empresa familiar. 

No debe extrañar que el protocolo exija éstos y otros sacrificios. En el fondo, y aun a riesgo de ponernos filosóficos, todo aquello que persigue un resultado beneficioso acostumbra a exigirlos. Y la búsqueda del beneficio común, como el que obtendrán empresa familiar y familia empresaria con el cumplimiento del protocolo, requiere a menudo de la suma de distintos sacrificios individuales.

Ya hemos dicho que hay medidas para asegurar el cumplimiento del protocolo, fundamentalmente coercitivas (como las cláusulas penales) y también algunas de retributivas (como ofrecer un puesto en el Consejo de Administración). Pero ni lo uno ni lo otro sirve, por sí solo, para asegurar que el protocolo se ejecute como es debido.

Es aquí donde debemos prestar especial atención a los contenidos morales del protocolo y su importancia para fomentar su cumplimiento por convicción, del que hemos hablado ya en algunos medios. El protocolo es un conjunto de reglas vinculantes, ciertamente, pero incorpora también recomendaciones, compromisos morales y declaraciones de intenciones que, aun no siendo directamente exigibles, tienen una importancia que no podemos obviar.

Las reglas del protocolo indican a los miembros de la familia empresaria qué deben hacer, mientras que los contenidos morales les explican por qué deben hacerlo. Y el porqué de las normas no es una cuestión en absoluto menor. Piénsese por ejemplo en el Preámbulo o la Exposición de Motivos de una Ley, que es algo ciertamente asimilable a los contenidos morales del protocolo: cuando el legislador expone las razones que le han llevado a promulgar una determinada norma, está explicando a los ciudadanos el porqué deben cumplirla. Aunque suponga para cada uno de ellos un sacrificio individual, puesto que se busca con éste un beneficio colectivo.

En este sentido, los contenidos morales del protocolo acostumbran a explicar los valores de la empresa, a recordar su historia, a exponer sus singularidades y a plantear sus objetivos. Y con todo eso, están dando a todos los socios y familiares el porqué de las normas que se han establecido y el porqué, también, de los sacrificios que con ellas se les exige. De este modo, en la medida en los implicados compartan esos valores, aprecien esa historia, celebren esas singularidades o persigan esos mismos objetivos, será más fácil conseguir que cumplan esas normas y acepten esos sacrificios que el protocolo familiar haya determinado.

Es conocido el pasaje de Alicia en el País de las Maravillas en el que Humpty Dumpty dice que las palabras significan lo que él quiere que signifiquen. Alicia le advierte de lo difícil que será entenderse si una misma palabra puede tener significados distintos, según lo que a Humpty Dumpty le venga en gana en cada momento, pero esto no es un problema para él: contesta que lo importante es saber quién manda porque, a partir de ahí, el significado real de una palabra no tiene ya ninguna trascendencia. 

Es éste un riesgo en el que a menudo pueden caer las normas, en la medida en que la coerción no se acompañe de la debida pedagogía. No basta con explicar al ciudadano “qué” debe hacer y, de hecho, tampoco basta con decirle qué le pasará “si no lo hace”. Es fundamental, como decíamos, explicarle también el “porqué”. Y es éste un riesgo al que el protocolo familiar no es ajeno. Sobre todo porque, con el paso del tiempo, y con el consiguiente relevo generacional, cada vez quedarán en el entorno empresa-familia menos personas de las que en su día pactaron el documento y, por tanto, consensuaron (o establecieron) sus normas.

Puede llegar un momento, por tanto, en el que socios y familiares sientan que aquel documento cargado de reglas y exigencias es, en el fondo, el discurso de Humpty Dumpty. Un discurso que en algún momento dijo alguien y no se sabe muy bien por qué se le tiene que seguir haciendo caso. Y si eso sucede, de poco o de nada servirá mantenerlo. Por ello, y sin perjuicio de las convenientes revisiones y actualizaciones a las que el protocolo debe someterse, es muy importante que su texto incorpore esos contenidos morales que permitan saber que todo lo que se está haciendo obedece a un porqué y que, al mismo tiempo, ese porqué tiene como objetivo establecer el mejor marco posible para la continuidad de la empresa familiar.

Contar con abogados expertos a la hora de elaborar un protocolo familiar, que puedan buscar el mejor encaje entre sus contenidos morales y sus reglas vinculantes es fundamental para asegurar el éxito del proceso. Puede contactar con ellos aquí.
 

Antonio Valmaña – Grupo Empresa Familiar

Director en el área litigación y arbitraje

Añadir nuevo comentario