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El tejido empresarial español está altamente marcado por la presencia de empresas familiares, con el consecuente impacto en el desarrollo económico del país. Es por ello por lo que resulta de especial interés e importancia analizar determinados aspectos laborales bajo el particular prisma de estas empresas.
¿Por qué se caracterizan las empresas familiares? ¿Cómo funciona a nivel directivo y organizacional?
Las empresas familiares se suelen caracterizar por una nota fundamental y diferenciadora que consiste en que coexisten dos vertientes simultáneamente, por un lado la profesional, es decir la estrictamente empresarial, y la familiar, que posee un marcado componente sentimental. Estas empresas se caracterizan por tener una estructura muy personalista en la que tanto el accionariado como el administrador suelen tener una mayor participación en el día a día de la empresa.
Incluso, en ocasiones, las decisiones en estas empresas son adoptadas, directa o indirectamente, por personas que sin pertenecer a la empresa, y sin mantener ningún tipo de relación con la Empresa, poseen un rol decisorio dentro de la familia.
Estas características particulares deben ser tenidas en cuenta a la hora de abordar cuestiones laborales, contractuales así como de cara al cumplimiento de obligaciones legales.
¿Cuáles son las notas fundamentales de la relación de alta dirección?
En cuanto a la alta dirección, se considera alto directivo a la persona que es investida en el ejercicio de los poderes que resultan inherentes a la titularidad jurídica de la empresa, así como en aquellos relativos a los objetivos generales de la misma. Bajo estas condiciones, el alto directivo actúa con plena autonomía y asume una responsabilidad completa a la hora de adoptar las decisiones. Sus actuaciones únicamente pueden venir sometidas o limitadas a criterios e instrucciones directas que emanen de los órganos superiores de gobierno y administración de la sociedad.
En la práctica, esta concesión de facultades se suele traducir en que están facultados para realizar actos y negocios jurídicos en nombre de la empresa, asumiendo derechos y obligaciones, así como están facultados para realizar actos de disposición patrimonial.
De esta forma, el alto directivo se convierte en el “alter-ego” del empresario, y copa el vértice de la estructura piramidal de una empresa. Acordemente con ello, una nota fundamental es que esta relación laboral se basa en la recíproca confianza entre las partes.
A pesar de la confianza recíproca, el alto directivo si que se encuentra obligado a reportar en su actividad a la persona u órgano superiores de gobierno y administración de la Empresa. Sin embargo, esta obligación de reportar no debe comportar nunca un sometimiento del alto directivo a decisiones por parte de la persona u órgano superior.
¿Cómo opera la figura del alto directivo en las empresas familiares?
El primer punto a tener en cuenta es que modo alguno la existencia de una empresa familiar supone una imposibilidad de que exista la figura del alto directivo, si bien sí que sus labores se pueden ver influenciadas e incluso condicionadas por la realidad que suponen en sí mismas las empresas familiares.
Dadas las facultades que se conceden a un alto directivo, la elección y designación de esta figura constituye una de las decisiones más importantes para una Empresa, en tanto que, durante la vigencia de su contrato, el futuro de la empresa y su crecimiento dependerán en gran medida de las decisiones que adopte. Una elección errónea en la elección de la persona puede llegar incluso a comprometer la viabilidad de la propia compañía.
Centrándonos en el contexto de las empresas familiares, este tipo de empresas deben afrontar la difícil decisión a la hora de escoger al alto directivo, pues deberán decidir entre entregar ese rol a un miembro de la familia, o bien a una persona externa y ajena al entorno profesional.
Por un lado, puede optarse por la designación como alto directivo de un miembro de la familia, lo cual garantiza, a priori, una fuerte alineación del directivo con los valores, objetivos y propósitos de la familia, así como con su cultura interna. Sin embargo, al estar presente el componente familiar, ello puede conllevar que en la práctica las decisiones no sean adoptadas por este, sino que se mantenga una influencia por parte del resto de integrantes de la familia que se encuentran relacionados con la Empresa.
Por otro lado, la designación de un alto directivo externo y ajeno a la familia representa una oportunidad de profesionalización para las empresas familiares, en tanto que evita la mezcla de los sentimientos familiares a la hora de adoptar de decisiones empresariales, introduciendo un componente de objetividad e imparcialidad en el proceso de toma de decisiones, a la par que incorpora conocimientos especializados y visiones estratégicas a largo plazo.
Sin embargo, para que realmente estas oportunidades se puedan convertir en ventajas competitivas para la Empresa, debe existir cierto alineamiento en cuanto a la visión estratégica con los integrantes de la familia que forman parte de la empresa.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la existencia real de una figura de alta dirección puede quedar comprometida cuando existe un elevado grado de intromisión por parte del accionariado de la empresa o por parte del consejo de administración o del consejero único, siendo ocupados estos cargos habitualmente por familiares.
La práctica ha demostrado que existe cierta reticencia en las empresas familiares a “ceder el testigo” y la toma de decisiones a terceras personas, y ello puede ocasionar que por parte de los tenedores del capital social o del órgano administrativo exista una injerencia en la toma de decisiones del alto directivo.
Esta mediatización de la actividad del alto directivo puede desembocar en que en la práctica no haya plena autonomía decisoria por el alto directivo, principalmente en aquellos casos en que no haya un alineamiento entre las visiones del directivo y de los integrantes de la familia.
En estos casos, nos encontraríamos con que la figura del alto directivo sería meramente nominativa, y su relación laboral sería considerada ordinaria.
¿Qué recomendamos desde CECA MAGÁN Abogados?
Dado que la figura del alto directivo representa una oportunidad de profesionalización y crecimiento para las empresas familiares, resulta preciso que, al momento de adoptar la decision sobre el nombramiento de esta figura, exista un asesoramiento a nivel laboral, ello a efectos de valorar si resulta más conveniente que dicho rol sea asumido por un miembro de la familia o por una persona externa.
Este asesoramiento permitirá analizar de forma individualizada las necesidades de cada una de las empresas, así como también coordinar la visión del alto directivo y de los órganos superiores de la Empresa a efectos de que haya una visión estratégica de futuro compartida.
En CECA MAGÁN somos expertos en asesorar a grupos y empresas familiares en la elaboración de protocolos familiares. Para cualquier cuestión pueden contactar con nuestros abogados aquí.
Laura Guillén y Francisco Javier Cuesta
Área Laboral