Una reforma laboral insuficiente

Como en tantas otras facetas de la realidad política y de las necesidades que la misma conlleva, en la reforma laboral el Gobierno ha perdido más de dos años.

Primero fue negar la crisis. Después, culpabilizar de la misma a los banqueros y a la oposición política; no sin antes disfrazarla de una pasajera desaceleración en el crecimiento económico, que apenas si tendría repercusión o creencia alguna en los ciudadanos. Sobre todo, en los solicitantes de las prestaciones sociales del Estado del Bienestar.

La cruda realidad y la tozudez de los hechos, ante la más que probable quiebra de nuestro sistema financiero, han hecho que tras dos años de desgobierno en el ámbito de la indispensable reforma laboral, Zapatero haya tenido que ceder ante el Presidente Obama, el FMI, la OCDE, las autoridades de la Unión Europea y la imposición de la canciller alemana y el Presidente francés.

Durante esos dos largos años intermedios, nada se ha hecho adecuada y puntualmente; ni en la estructura financiera, ni en la inexcusable y profunda reforma laboral.

Se ha cedido la “res pública” a empresarios y sindicatos, aun a sabiendas de que el pacto social era absolutamente imposible de conseguir. No se puede contentar a todos, y menos con leves medidas de maquillaje laboral.

Y al fin y a la postre, la reforma producida, se queda a años luz de las necesidades perentorias de España, para cortar esa sangría de desempleo que nos sitúa a la cabeza de Europa con un largo 20,5% de la población activa en paro y más de 1,4 millones de familias sin ningún ingreso.

La reforma laboral dada a luz, es como el parto de un ratón: múltiples clases de contratos, ni una sola palabra sobre la autonomía en la negociación de los Convenios Colectivos, tampoco la liberación de los EREs, desvinculada del férreo control administrativo, y la penalización de los contratos temporales, con el mantenimiento de los Convenios Colectivo de Sector.

Cuando nos estabilicemos en los cinco millones de parados, hacia noviembre de 2.010, después del espejismo de las contrataciones vinculadas al turismo veraniego y las vacaciones, de nada le servirán al parado, la posibilidad de tener todo un abanico de tipos contractuales. Porque no podrá acceder a ellos, si el empresariado los rechaza. Y ello, si se me permite, ya ha comenzado, incluso antes prácticamente de ponerse en marcha la reforma.

No hay que ir a lo que hoy por hoy es un puro desideratum maximalista: el contrato indefinido. Hay simplemente que conceder libertad absoluta y bilateral de contratación a cada empresario con cada trabajador concreto de su negocio.

Pues carece de sentido vestir de oro al mendigo, antes de pasarle por un buen baño o ducha que le ponga en simples condiciones de higiene corporal como ciudadano de a pie.

Para crear empleo neto, no se olvide, además que se necesita un crecimiento del PIB de al menos el 2,3 – 2,5%. Cifras para cuyo alcance, España tiene que seguir con una enorme bolsa de paro, (doble de la media de la Unión Europea y de la zona euro) durante al menos 2,5 – 3 años. Ya se constatará.

Se ha desaprovechado, por ello, una magnífica oportunidad. Pero a tiempo se está si las Cortes Generales saben reaccionar a la hora de convalidar el Real Decreto Ley gubernamental, de su tramitación parlamentaria como Proyecto de Ley.

Si eso no se produce; si no triunfa una moción de censura, la muerte política de Zapatero, su sustitución por otro líder del PSOE o las ansiadas elecciones generales, llegarán forzosamente antes de finalizar 2.010. Estoy seguro de ello.

Esteban Ceca Magán
Doctor en Derecho